A través de esta nueva corriente, los docentes persiguen mejorar la enseñanza, optimizar el rendimiento escolar, desarrollar el talento y garantizar la diversidad de aprendizaje de todos los alumnos en el aula. Es hora de educar con emoción y emocionar. Este debe ser el modelo pedagógico que se instaure en las escuelas y el modo de enseñar.

ENTREVISTA. Aitor Álvarez Bardón, Director Académico del Máster en Neuropsicología y Educación de la Universidad Internacional de Rioja, España

LA NEUROPSICOLOGÍA Y EL RENDIMIENTO ESCOLAR DE LOS ALUMNOS

LIDERAZGO EDUCATIVO

¿A qué nos referimos cuando hablamos de neuropsicología?

Es una corriente que surge de la relación entra la psicología y la neurociencia. Esto lo enmarcamos dentro de lo que denominamos“neuroeducación”, que es la fusión de tres ciencias: la neurociencia, la piscología y la pedagogía. La primera aporta la explicación de cómo funciona el cerebro y por tanto cómo aprende. La segunda, la psicología, explica el comportamiento de las personas y la tercera, la pedagogía, aporta los aspectos relacionados con las metodologías de aprendizaje.

En este sentido, nuestro enfoque se centra en la neuropsicología aplicada a la educación dado que, como docentes, buscamos entender cómo funciona y aprende el cerebro de nuestros alumnos para poder obtener un mejor aprovechamiento de sus procesos de aprendizaje, pero no buscamos indagar sobre el motivo que hace que el cerebro funcione de una manera concreta, ya que eso es un aspecto propio del ámbito de las ciencias de la salud.

 

Desde los filósofos de la Grecia antigua, ha existido la curiosidad del hombre por comprender qué es lo que nos hace ser superiores y cómo funcionamos de manera tan perfecta en el desarrollo de nuestra inteligencia, cómo aprendemos, tomamos decisiones, qué pasa cuando amamos o cuando odiamos. En la década del 90 hubo un “boom” en cuanto a los descubrimientos sobre aspectos relevantes de la mente y el cerebro, fue una década de mucha investigación en neurociencias y la divulgación no tardó mucho en expandirse por el mundo. Para la neuropsicología, ¿existieron también descubrimientos concentrados en dicha década o hubo alguna época más relevante? (¿Por qué? ¿Cuáles fueron los aportes más significativos?) 

Fundamentalmente estamos ante un cambio de paradigma social que afecta directamente a la educación. En la actualidad surge una nueva cultura, la “cultura neuro” con la que entendemos que lo que somos, sentimos, hacemos... los seres humanos es producto del cerebro, y esto significa que a todos nos preocupa y ocupa conocerlo en mayor profundidad. Si bien, el interés de mejorar la educación de los alumnos viene desde la edad antigua, forma parte del propio ser del docente, pero cierto es que en esta última década es cuando la ciencia está haciendo sus mayores aportes, aunque todavía hay muchas cosas por descubrir.

Hoy por hoy urge ensalzar la figura del docente. Educar no es fácil y sin duda los profesores son, como dice el profesor Francisco Mora, la “joya de la corona de un país”, ya que por sus aulas pasa su futuro. El profesor tiene y debe sentirse importante, por que lo es, y esto va a ayudar a conseguir profesionales de la enseñanza emocionados, que consigan emocionar, algo realmente importante, porque sabemos que no hay aprendizaje si no hay emoción.

 

En la sociedad actual, los índices de depresión, trastornos de ansiedad, TOCs, afasias, apraxias, amnesias, dislexia, discalculia, TDA, TDAH, trastornos alimenticios, adicciones, demencias – por citar los más frecuentes; se han incrementado con respecto a hace 50 años, ¿qué factores cree usted que estén afectando la salud mental de la población del mundo? ¿O es que siempre existían en igual proporción, pero no eran diagnosticados?

La neurociencia nos dice que el cerebro es tremendamente plástico y éste sigue generando neuronas a lo largo de toda la vida. Esto quiere decir que el cerebro está en constante cambio y en continuo aprendizaje. Además, hay que tener en cuenta que la neuropsicología nos ayuda a saber cómo sacar el mejor aprovechamiento de los alumnos, tengan o no alguna dificultad. Este factor es clave y es importante resaltarlo porque las prácticas educativas pueden ayudar a mejorar el rendimiento de un alumno que tenga alguna de estas dificultades que afectan directamente al desarrollo del aprendizaje.

En relación con el diagnóstico y la forma en la que afectan los trastornos y dificultades que se plantean, es necesario hacer una diferenciación entre trastornos, patologías y dificultades relacionadas con el aprendizaje, en las que hemos mejorado notablemente la capacidad de diagnóstico, y otros temas como la ansiedad en los que quizá hemos empeorado por las características de nuestra sociedad y por el tipo de vida que venimos desarrollando, algo que influye negativamente en las emociones y que, por tanto, sus repercusiones no son favorables y merecen la debida atención en el ámbito educativo. Nuestro objetivo es trabajar las emociones en el aula y que estas favorezcan el aprendizaje.

 

Y cuando son diagnosticados en edad escolar, ¿cómo puede el maestro abordar y ayudar al alumno dentro del aula, sabiendo que su grupo es de 20 o 30 estudiantes y que seguro tendrá otro niño con alguna otra disfunción o patología?

En la actualidad, los trastornos o dificultades de aprendizaje más frecuentes en las aulas son: dislexia, discalculia, TDAH... La labor del docente es identificar los signos de alarma para poder derivar a los especialistas y que ellos diagnostiquen una posible dificultad o trastorno.

No obstante, hay ocasiones en las que esos signos de alarma simplemente son indicadores de falta de madurez. Como ejemplo podemos indicar el proceso de aprendizaje lecto-escritor. Ahora mismo a nivel mundial hay un gran afán por que los niños aprendan a leer cuanto antes. En muchas ocasiones se identifican problemas o dificultades en este proceso cuando realmente sabemos que es una cuestión madurativa, porque las áreas cerebrales implicadas en este aprendizaje no empiezan a estar verdaderamente maduras, en la mayoría de los alumnos, hasta los 6 años de edad.

 

¿Cómo podría manejarse la superdotación en el aula?

En sí mismo la pregunta es muy compleja porque no podemos ni debemos dar pautas generales para todos los alumnos, hay que recordar, que cada alumno es único y por lo tanto, necesita una intervención única. Debemos procurar una propuesta educativa adecuada y diferenciada.

En el caso de los niños con superdotación es muy importante promover el desarrollo de sus capacidades, potenciar su motivación, garantizar experiencias de aprendizaje enriquecedoras y adaptadas a sus intereses y facilitar la implicación activa de la familia, entre otras cuestiones.

El alumnado con altas capacidades necesita ambientes estimulantes, que favorezcan sus intereses y su afán de conocimiento, y para ello se debe garantizar que en el centro educativo se haga una verdadera apuesta por la atención a la diversidad.

 

Hoy sabemos que hablar de cerebro derecho o cerebro izquierdo es un neuromito, pero ¿existe una diferencia entre los hemisferios cerebrales en cuanto a forma y funcionalidad? Y si es así, ¿hay una diferencia con los niños disléxicos, hiperactivos u con otras disfunciones?

Efectivamente, hoy en día en la sociedad en general y en la escuela en particular siguen presentes muchos neuromitos que no favorecen en absoluto la mejora de la práctica docente. Quizá uno de los más comunes es hablar de la diferenciación de hemisferios del cerebro, el izquierdo y el derecho, pero esto no es correcto porque, aunque sabemos que hay funciones cerebrales atribuidas a un hemisferio concreto, el cerebro funciona como un todo de tal manera que ambos hemisferios se encuentran conectados entre sí física y funcionalmente.

No obstante, no es el único neuromito que podemos encontrar instaurado en las escuelas. Hay otros como son los estilos de aprendizaje, el de que solo utilizamos un pequeño porcentaje de nuestro cerebro o el del efecto Mozart, que si bien, a lo mejor, no causan un perjuicio muy negativo en la enseñanza, no permiten a los docentes implantar métodos y estrategias educativas que favorezcan obtener el máximo rendimiento y desarrollo de cada uno de sus alumnos.

 

Según su experiencia, ¿en qué medida un niño con dislexia o discalculia debe llevar un programa diferente y hasta qué edad se daría?

Teniendo en cuenta lo anteriormente mencionado sobre la diversidad del ser humano, considero que podríamos concluir que todos y cada uno de nosotros necesitaríamos llevar un programa diferente. Si bien el currículo oficial de un país debe establecer unos mínimos que garanticen el aprendizaje de todos, pero que permitan al maestro adaptarlo a cada una de las realidades que tiene en sus sulas.

Tenemos que tener claro que todos tenemos un gran potencial, y el docente debe procurar que cada uno de sus alumnos muestren la mejor versión de sí mismos. No vamos a negar que sabemos que todos tenemos limitaciones, y que muchas veces no vamos a llegar a ser lo que nos gustaría, pero sin duda nuestra labor como docentes es conseguir que el alumno se desarrolle en plenitud.

La labor del profesor es saber qué necesita cada alumno para ayudarles a alcanzar un desarrollo pleno. Este aspecto nos lleva a reflexionar sobre el rol del profesor del siglo XXI y es que es necesario olvidarse del docente como transmisor de conocimiento para centrarnos en un rol de orientador, guía y promotor de que los alumnos desarrollen competencias que les permitan generar sus propios aprendizajes. En estos momentos la sociedad reclama personas que no solo tengan una buena formación y muchos conocimientos, si no que sean capaces de dar respuesta a las necesidades sociales presentes y futuras. Ante esta situación, los docentes nos enfrentamos a un difícil reto para el que debemos estar preparados y dar cumplida respuesta.